Los primeros 1000 días de vida son cruciales para el desarrollo de la microbiota. Una vez establecida es difícil modificarla. La colonización microbiana temprana determina la salud física e influye en el desarrollo cerebral, la salud mental durante la adolescencia e incluso enfermedades cognitivas en la edad adulta.
¿Por qué importa tu microbioma temprano?
Los sus productos microbianos influyen en la formación y eliminación de las conexiones cerebrales durante la infancia, un proceso crucial para el desarrollo saludable del cerebro.
La salud de la microbiota intestinal afecta el estado de ánimo. El desequilibrio de la microbiota intestinal se relaciona con depresión y enfermedades neurodegenerativas.
Hay investigaciones que vinculan también los desequilibrios del microbioma con el Parkinson y el autismo. Los niños autistas presentan perfiles de microbiomas distintivos.
¿ Cómo cultivar un buen microbioma?
Es fundamental sembrarlo bien, porque una vez que el ecosistema microbiano se ha establecido es difícil modificarlo.
Si el bebé pasa por el canal vaginal al nacer recibe una mayor cantidad de microorganismos. Los bebés nacidos por cesárea tienden a tener una microbiota intestinal diferente lo que sea relacionado con un riesgo ligeramente mayor de asma y eccema.
La lactancia materna ejerce una influencia aún mayor ya que la leche materna favorece el crecimiento de bífido bacterias, que no se encuentran en la leche de fórmula. Estas bacterias buenas cierran la puerta de entrada, impidiendo el acceso a bacterias más dañinas.
Los antibióticos alteran gravemente la microbiota intestinal temprana, eliminando tanto bacterias beneficiosas como perjudiciales. Por supuesto también salvan vidas, pero es la responsabilidad de los médicos prescribirlos con prudencia para proteger el intestino en desarrollo.
Después del primer año la alimentación es el factor más influyente. Es importante que coman alimentos integrales, suficientes verduras crudas, no ultra procesados, azúcar o alimentos refinados.
Los beneficios de la tierra.
Una forma económica y subestimada de impulsar la diversidad microbiana temprana es ensuciarse.
Trabajar directamente con la tierra puede transferir microbios directamente a nuestro intestino y esto puede tener efectos beneficiosos para nuestro sistema inmunitario. Esto siempre y cuando no se use un sistema de agricultura industrializada.
Está comprobado que las familias que cultivan los huertos muestran consistentemente una mayor diversidad microbiana en sus organismos y mejores indicadores nutricionales que las familias que no lo hacen.
Ensuciarse no debe confundirse con la hipótesis de la higiene. La exposición que necesitamos no es a las infecciones infantiles que se evitan con las cosas limpias y lavándonos las manos sino a los microbios beneficiosos.
La hipótesis de los viejos amigos propone en cambio que co-evolucionamos con microbios beneficiosos del suelo, los animales y otros humanos y que la reducción del contacto con estos amigos ha llevado a un aumento de las enfermedades crónicas.
Alimentación saludable para la salud mental infantil
Incluso después de esos primeros 1000 días cruciales el microbioma sigue siendo adaptable. Por eso debemos fomentar en los niños el gusto por los alimentos saludables.
Expertos sugieren ofrecer permanentemente una variedad de alimentos, comer juntos alrededor de la mesa y celebrar lo que cada alimento aporta, ya sea un rápido impulso de energía o el fortalecimiento de los huesos.
También es importante mostrar una actitud de agradecimiento frente a todo lo que los alimentos nos aportan, frente a las manos que lo cultivaron y las manos que lo prepararon para que esté en nuestra mesa.
Según Amati hay que contarles a los niños qué hace su microbioma ¡les encanta! Les encanta alimentar a sus bacterias beneficiosas.
Carina Vaca Zeller
Bibliografía
Thompson, Helen. New Scientist, 22 De octubre de 2025