Estos son apuntes libres de citas de Rudolf Steiner y de otra autora sobre este tema, que utilicé para hacer un curso sobre el Rubicón. Los comparto porque pueden serles muy útiles.

 

Cuando los niños están atravesando la crisis del Rubicón están cambiando los 4 colmillos y los 4 premolares. Los momentos más difíciles coinciden con el momento en que estos dientes están temblando. El rubicón comienza cuando empieza a temblar alguno de estos dientes y termina después de que deja de temblar el último de estos dientes.

Rubicón (apuntes: traducción libre y resumen de citas de Rudolf Steiner)

 

 

A los nueve años cuatro meses aproximadamente se produce un cambio profundo… Hasta ahí los alumnos eran incondicionales de la maestra o el maestro y en el grupo había una armonía y solidaridad que permitía el trabajo armonioso y fecundo. A principios del cuarto año escolar un grupo tan fácilmente digerible se convierte, a menudo, en un montón desordenado; se ha perdido la íntima coherencia. La misma maestra o maestro por quien, medio año antes, los alumnos hubiera andado entre llamas, se ha convertido de repente, en zorra astuta o canalla infame u otros epítetos peores. Después de que el niño ha cumplido los nueve años, de repente, se consideran pueriles los cuentos de hadas, los niños se hacen caprichosos, Reacios y criticones.

Ahora de repente los sobrecoge el miedo a la oscuridad, tienen miedo de que alguien esté bajo de la cama.

El niño se ha vuelto crítico. Los personajes que más veneraba y que estaban en el más alto pedestal, son los que caen a mayor profundidad. El niño es el que se siente más despistado porque esto sea así.

En esa época los niños son muy observadores: se dan cuenta de las desaveniencias entre los padres, que antes habían pasado inadvertidas y ahora les embargan el corazón.

También se modifica la relación con la muerte. Los niños menores la aceptan con una naturalidad sorprendente: muerto y está muerto y eso significa sencillamente que aquí ya no es posible convivir con las personas que están con los angelitos. En cambio, en esta época, la muerte se incluye por primera vez como problema que da motivo a profundas reflexiones.

El niño se vive a sí mismo como enfrentado con el mundo externo: este mundo no es tan bello, dócil y sabio como el que se había creado por la fantasía.

Antes estaba aún resguardado en la envoltura protectora de la fantasía infantil. Más ahora, el abrigo queda desgarrado la polaridad yo-mundo o adentro-afuera se convierte en realidad vital. Todo le parece al niño aburrido e insípido por un lado; por el otro, ansía nuevas experiencias, aventuras o peregrinaciones a donde nunca hemos estado antes.

Después del Rubicón el niño se vivencia a sí mismo en forma dualista. Porque lo anímico espiritual está trabajando dentro del cuerpo. Pero se podría decir que desde este momento lo anímico espiritual que está en el cuerpo le preocupa menos, que lo que se preocupaba antes.

La pedagogía que pretende educar hombres íntegros debe tratar de prevenir esta crisis del 10º año de la vida. Antes de que se derrumbe el respeto a una persona, ya debiera haberse reorientado hacia algo que trascienda lo personal. El  reconocer una autoridad antes, es la base de sustentación por la cual tiene que desear esa autoridad tras su autoridad. Además, la mencionada nueva orientación emotiva yo-mundo necesita de guía. El niño pudiera obtener una relación con la naturaleza, basada no en la ciencia, sino en la vivencia.

El niño adquiere ahora una mirada abierta hacia la naturaleza. Satisfacemos una intima necesidad del niño, si le contamos mucho de la naturaleza, en forma tan vívida, que se le convierta en auténtica vivencia. El dibujo en las formas de hojas, de plantas enteras, es un recurso para familiarizarlo con la morfología de la naturaleza.

Después de orientarlo hacía algo particular del medio ambiente, el respeto logrado a un ser de la naturaleza: hay que orientarlo hacia la figura que sobresale de lo humano cotidiano. Para esto el antiguo testamento, la mitología ofrece la materia apropiada para reflexionar. La clase historia se le puede presentar al niño con los héroes luminosos, que se han destacado en la evolución de la humanidad. Si no se encausa debidamente la correcta experiencia de veneración, el niño recurre a la idolatría, lo que indefectiblemente acarreará desengaños.

 

Desde los 9-10 años comienza a vivir un concepto todavía no claro en el ser humano. Hasta allí su vida anímica era sobretodo cuidada por el cuerpo astral. Desde entonces se mueve la naturaleza de la fuerza del yo en el ser humano. Esto no vive en el concepto, sino en una vivencia, que es profundamente inconsciente en el alma. Vive como una pregunta que surge de manera diversa en cada uno. La pregunta es más o menos como sigue: hasta ahora mi cuerpo astral ha creído en los otros seres humanos; ahora necesito algo, que alguien me diga, de modo que Yo pueda creerle a él o a otros más a mi alrededor. Los niños que se rebelan contra esto, son aquellos que más lo necesitan. Entre los 9 y los 10 años se empieza a estar orientado a que el propio yo se afirme a través del creer en un ser humano mayor. Uno cree en él, no porque alguien te lo dijo, sino por la atmósfera artística que se ha creado. Y ¡ay! que no ocurra desde el lado del adulto nada para contestar esta pregunta de manera adecuada, que en algunos niños puede mantenerse hasta los 16, 17 años, incluso en algunos hasta los 18 o 19 años, de modo que el niño pueda decirse: yo estoy agradecido por lo que yo pude experimentar de alguien mayor. Lo que eres no puedo decir, sólo me lo puede decir, ya que cuando yo lo experimente a mi edad, ya va a volver a ser distinto. (¿?)

 

GA 297 (25)

Recién en el noveno año comienza la posibilidad de desarrollar el sentimiento del yo, de tal manera que por ejemplo que le puedan enseñar aspectos de la naturaleza, como descripciones naturales en las plantas y de los animales.

 

 

GA 296 (27)

En este noveno año de vida el ser humano se profundiza, de modo que su conciencia yoica se transforma en espiritual, como antes era anímica. Por eso lo que el educador antes le enseñaba vinculándolo a una subjetividad humana, se va a transformar en una observación objetiva de las cosas. En el noveno año de vida, el yo despierta, de modo que el ser humano se separa del entorno natural y se hace maduro, de modo que puede comparar las relaciones de las manifestaciones de la naturaleza en forma objetiva.

 

GA 297 (28)

 

El niño se diferencia de su autoridad, pero ahora se le entrega con amor.

 

GA297 (29)

 

entre los nueve y los 11 años de vida del niño existe un punto en el desarrollo de su vida, que según como haya sido reconocido por el educador, el destino interior y frecuentemente también el destino exterior del ser humano se influye de manera adecuada o no adecuada.

En este noveno año el ser humano se profundiza interiormente tanto, que su conciencia del yo se transforma en mental, como antes era anímica. Por eso el educador estimulará una observación más objetiva de las cosas. El Yo despierta, con lo cual el ser humano se separa del entorno natural y se hace maduro para comparar las apariciones de la naturaleza de manera objetiva.

 

GA297 (28)

El noveno año se transforma en el Rubicón. Un niño se separa en su conciencia interior, de su entorno, se diferencia del mismo. Se diferencia de su autoridad, pero se entrega amorosamente a la misma.

 

GA297 -28-

El que observa la vida de la manera adecuada, sabe que entre el noveno  y el 11º año, él se encuentra en un importante punto de inflexión.  Es un momento del desarrollo, que según cómo sea reconocido por el educador, se va a influir su destino interior y frecuentemente también en el destino exterior del ser humano en un sentido más adecuado o menos adecuado.

 

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Según como el padre o el educador se comporte entre el noveno y el 10º año y medio y permita al niño en forma amorosa, amigable, paternal conducirlo para cruzar el Rubicón, eso significa un algo decisivo en la vida humana, que va a permanecer como consecuencia sobre toda la existencia hasta la muerte física. El hecho de que un ser humano en el momento decisivo, enfrente la vida con fuerzas frescas o con un desierto anímico interior, eso depende mucho de cómo el educador o el maestro se han comportado con el niño entre el noveno y el 10º año y medio. Ahí se trata a veces de que en el momento adecuado uno encuentre la palabra adecuada, cuando por ejemplo un joven o una joven lo encuentra a uno en el pasillo y le pregunta algo, que uno haga la expresión adecuada, en tanto se contesta. El educar no es algo que pueda aprender de manera abstracta, como tampoco el pintar, esculpir, ni ningún otro arte, sino que es algo que reposa sobre interminables detalles, que surgen del tacto anímico. Este tacto anímico se gana justamente desde la ciencia espiritual Antroposófica.

 

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Los niños hacen preguntas a esta edad. Estas preguntas pueden adquirir cientos, miles de formas. En la respuesta, lo importante no es tanto el contenido. Lo más importante es que uno genere en el niño la correcta confianza desde el correcto sentimiento anímico de uno. Se trata de que uno salga al encuentro del niño entre el noveno y el 10º año y medio, con la correcta sensibilidad justamente en el momento adecuado.

Cuando hacemos clase a estos niños, nos damos cuenta, que antes de este momento que se produce entre el noveno y el 10º año de vida, él no se diferencia de manera adecuada del entorno. En este momento de la vida aprende a diferenciarse bien del entorno. Ahora no podemos intervenir en el niño con cuentos de hadas, con clases en que vivificamos el mundo exterior. Podemos dirigir ahora la atención a aquello, de lo cual el niño se diferencia del mundo exterior como un yo.

 

Ahora cuando la personalidad, que es su autoridad dice algo, el niño quiere saber de dónde saca esta personalidad eso.

 

Lo que uno cultiva en un pequeño de manera anímica es una preparación, que entre el noveno y el 10º año aparece de manera anímica y que después se va a transformar en el germen de lo religioso alrededor de los 17-18 años.

 

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Se cree que a cualquier edad del ser humano se puede desarrollar cualquier cosa. Hay que saber exactamente qué es lo que hay que sacar entre el noveno y el 10º año desde el alma del niño.

 

GA 301 -34-

La imitación es reemplazada por el principio de la autoridad entre los nueve y los 12 años. En el 12º año de vida despierta la fuerza del juicio. En el noveno año de vida, el niño ya comienza a separar el Yo del entorno en su propia vivencia. Pero este yo lo despierta a partir de los 12 años, para el propio juicio.

 

En realidad es terrible, cuando como educador no se logra, que los niños incluso en lo exterior, en su fisonomía después del noveno año sean algo distinto a lo que eran antes.

 

GA303 -35-

En el segundo septenio, el ritmo respiratorio y el ritmo circulatorio se hacen más fuertes (lo anímico espiritual no actúan exclusivamente en la sustancia, sino también separados de lo corporal en el sist. respiratorio y circulatorio). El niño a esta edad tiene el impulso interior de vivenciar  eso anímico de manera instintiva, inconciente como ritmo y tacto, que en primera instancia se presentan en su propio cuerpo. Como educador hay que poder vivir de manera artística en un elemento rítmico, para que eso llegue al niño y él se sienta en su elemento.

Si uno no trata bien al ritmo circulatorio y respiratorio a esta edad, entonces lo destruye de una determinada manera para todo el resto de la vida posterior y algunos estados de debilidad, enfermizos, que justamente se encuentran en los órganos respiratorios o circulatorios, se generan debido a una educación incorrecta durante la edad escolar.

Antes de esto no estaba activo de manera plástica. Ahora los músculos vibran en conjunto con el ritmo respiratorio y circulatorio, de manera que todo el ser del niño adquiere un carácter musical. Y esto es lo esencial, que en la época escolar, uno tiene en el niño a un músico inconsciente.

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Entre los nueve y los 10 años de vida todo lo que el niño procese de modo anímico, lo procesa en forma especial al sistema muscular y sus fuerzas de crecimiento.

 

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Desde la tercera semana de la concepción el Yo está presente en el ser humano. No es que el Yo recién que se presente a los 21 años. Se libera en una determinada edad de la vida. Entre los nueve y los 10 años tenemos una actuación del yo muy especial, que se dirige a que el ser humano aprenda a diferenciarse de su entorno.

Hay que respetar este desarrollo del Yo. Ya se comete un error cuando uno fuerza a que el niño se pare vertical antes de tiempo. Lo que tiene que hacer es pararse sólo imitando, de modo que se yerga cuando tenga la capacidad para imitar la posición del adulto.

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Cuando uno aprende a decirse Yo a sí mismo, esta diferenciación del propio Yo del entorno, todavía es algo indeterminado hasta el Rubicón, entre el noveno y aproximadamente el décimo primer año de vida, recién aquí aprende a diferenciarse de su entorno. Y según cómo uno se comporte en esa época con el niño, de eso depende muchísimo su vida futura. Si se tiene un sentimiento: ahí el niño está llevando a cabo la diferenciación de  la naturaleza exterior; ya no siente como se sentiría un dedo en el organismo si fuera consciente. Ahora se siente como ser independiente. Si uno puede disponerse del modo correcto, entonces uno genera en el niño una fuente permantente de alegría vital y frescura vital.

 

GA 304 -44-

De lo que se trata es que el niño desarrolle en sí, en esta edad, simpatía para lo moral y antipatía para lo inmoral. No se trata de que uno le dé al niño una directiva de mandamientos. Eso no entra en el alma. Lo que se asienta en el alma del niño por el camino de la simpatía y la antipatía como juicio vivencial moral, determina toda la formación moral del niño.

El niño tiene la vivencia inconsciente: ahí está la autoridad, que me da el mundo. Yo miro al cosmos a través de la autoridad. ¿Es esta la autoridad correcta? ¿Ella me da una imagen real del mundo? Esto no es una reflexión consciente. Pero esto se rejuega de forma íntima, fina en el mundo de la vivencia del niño. Se decide en este momento de la vida, si es que el niño puede seguir confiando en la autoridad, esta confianza, que debe tener hasta la madurez sexual, si es que debe creer, o si esa confianza no la va a tener. Esto hace que los niños tengan intranquilidad interior o nerviosismo. Cómo educador hay que encontrar aquellas palabras, que fortalezcan la confianza. Con este fortalecimiento de la confianza, también se fortalece el carácter moral del niño, que en un principio se encuentra en forma totalmente latente como disposición. Pero si se afirma, el niño se hace interiormente firme.

Entre el cambio de dientes y la madurez sexual el niño se hace fuerte o débil y enfermizo a través de aquello que ocurre en su sistema rítmico, en su respiración y en su circulación sanguínea. Entre el noveno y 10º año de vida ocurre que aquello que antes se encontraba en la respiración, que estaba asentado en el ser humano superior y que en lo fundamental pasa a la circulación sanguínea, esta relación entre respiración y circulación sanguínea se determina en este momento de la vida. Pero esto es una manifestación de procesos anímicos profundos. Y en estos procesos anímicos profundos tiene que ocurrir la afirmación de la confianza entre el niño y el educador.

 

GA305 -48-

Entre los nueve y los 11 años a cada niño, excepto que tenga un desarrollo fuera de la normal, le viene la pregunta en su alma: ¿cómo me encuentro yo hacia dentro del mundo? Esta pregunta no surge en forma literal sino como un sentimiento indeterminado, como un sentimiento de disconformidad; el niño necesita mucho más apoyo en un adulto, la pregunta incluso puede surgir de tal manera, que se produce un fuerte estar colgado amorosamente a un adulto.

 

GA109 -56-

Entre el noveno y el 10º año de vida aparece para el niño un traspaso muy importante en su vida. En general es a partir de los 10 años de vida que se aparece al niño en forma instintiva, inconciente como una especie de enigma de la vida.

Se produce la relación correcta entre pulso y ritmo respiratorio. Esto es el correlato físico para el hecho de que el niño en forma anímico espiritual necesita especialmente del educador. Ocurre un llamado, no es una pregunta, sino que se produce en una especie de comportamiento frente al educador justamente en este punto de la vida.

¿Cuál es en verdad la pregunta de vida que el niño nos coloca? Hasta este punto de vida el principio de autoridad se desarrolló de tal manera que el educador era el mundo para el niño. Para el niño, las estrellas se mueven porque sabe que su educador sabe que se mueven. Todo es bueno o malo, bello o feo, verdadero o falso, porque el educador lo lleva así en sí mismo. Todo lo que tiene del mundo, de alguna manera tiene que haber pasado por el educador. Esta es una relación sana. Entre el noveno y 10º año de vida, a veces más tarde, se genera frente al niño la pregunta, no en conceptos o representaciones, sino en sentimientos y sensaciones: sí, pero ¿de dónde saca el educador todo esto? Entonces de pronto el educador empieza a hacerse invisible. Uno quiere ver al mundo detrás de él, lo que vive detrás de él. Entonces es cuando el educador tiene que lograr en el niño la convicción, que él está bien insertado en el mundo, que él porta en sí mismo verdad, belleza y bondad. Ahí la naturaleza inconsciente del niño va a poner a prueba a su maestro de manera increíble, lo prueba a ver si él en verdad porta el mundo en sí mismo, si es que él era digno, de ser el representante de todo el cosmos.

No hay que caer en el error, en este punto importante de la vida del niño, de querer demostrarle que uno es el correcto representante del mundo. Sino que uno tiene que lograr una convicción vivencial directa en el niño a través de un nuevo comportamiento: ¡Sí, usted sabe mucho más que lo que uno creía hasta ahora! Cuando el niño sabe: el maestro puede intensificarse, el aún no le ha mostrado todos sus lados, no se ha vaciado aún, entonces, quizá le dice en forma muy confidencial al niño algo, por lo cual el niño está sorprendido, entonces se produce la relación correcta. Es decir que uno se guarde algo, a través de lo cual, uno como maestro se intensifique en relación al niño. Esta es la resolución de un enigma importante de este punto de la vida, que para la percepción del niño, uno pueda intensificarse, que de pronto uno pueda crecer por sobre sí mismo. Éste es el consuelo y la fuerza que uno le puede dar en este momento al niño, ya que él llega con esa necesidad al maestro, por el cual ha desarrollado la necesaria simpatía. Los otros maestros van a hacer la experiencia amarga, que al niño entre el noveno y el 10º año la autoridad se le evapora progresivamente; y ya no está ahí. Entonces estos maestros van a probar algo horrible, van a tratar de demostrarle todo al niño y cosas parecidas.

 

GA 307 -58-

Entre el noveno y el 10º año de vida aproximadamente en el ser humano se produce una gran metamorfosis un gran cambio en su vida. Exteriormente el niño se vuelve algo inquieto. No se las arregla bien con el mundo exterior. Siente algo, como si tuviera que tener vergüenza. Como que se retirara un poco del mundo exterior. Esto ocurre de una manera íntima, fina en casi cada niño. En el niño en el cual esto no ocurre, no es normal. Se genera una pregunta extraordinariamente importante a esta edad en el niño, pero que surge más como un sentimiento. Hasta aquí el niño reverenciaba al educador desde fuerzas naturales. Ahora siente que el educador tiene que enseñarle a él de algún modo especial, que aquél es digno de veneración. El niño se pone inseguro y como educadores es necesario que nosotros respondamos con nuestro comportamiento. No hace falta que planifiquemos algo especial, puede ser por un gran despliegue de amor en nuestra actividad, por un considerar al niño de manera especial, por hablarle de una manera especial, que uno se acerque al niño de una manera especial y que el niño lo note, que el educador le tenga especial cariño, que el educador se dirija especialmente a él, así podemos conducir al niño entre el noveno y el 10º año, si es que estamos atentos y nos comportamos como la situación lo amerita. Entonces podemos hacerlo pasar por este abismo como la situación lo amerita. Y esto es importante para toda su vida posterior, ya que esto que queda en el niño como inseguridad, eso aparece como inseguridad en toda la vida posterior, sólo que aparece sin que el ser humano lo note; sólo se manifiesta por el hecho de que se marca en su carácter, en su temperamento, en su salud físico-corporal. Así aparece.

 

GA 310 -60-

 

Entre el noveno y el 10º año de vida se produce un momento en la vida del niño que es una crisis. Es una vivencia muy delicada, si es que uno quiere notarlo. Hasta esta edad yo y el mundo exterior concluyen uno dentro del otro. Hasta antes de esta edad se le puede contar al niño sobre las plantas los animales y las piedras como si ellos se comportaran como seres humanos, y lo mejor es orientarse hacia la capacidad de captar en imágenes, de los niños. Pero entre el noveno y el 10º año de vida, el niño aprende con toda conciencia a decirse yo a sí mismo. Ya aprende a decirlo antes, pero recién ahora con plena conciencia. Ahora el niño ya no concluye con el mundo exterior, sino que aprende a diferenciarse de él. En este momento es cuando comenzamos a introducir un entendimiento, pero lleno de sentimientos por el mundo de las plantas al niño.

 

GA 310 -61-

 

Enseñar historia a los niños antes del noveno o 10º año no tiene ningún sentido. Los niños no tienen un sentido de la existencia histórica. Recién entre el noveno y 10º año de vida se comienzan a interesar por seres humanos individuales. Entonces por ejemplo ponen la personalidad de Cesar, de Agamenón etc. fuertemente y dejan que lo histórico sea como un trasfondo. El niño va a tener el interés más grande por esto. El niño incluso adquiere el impulso de profundizar más en lo biográfico de estas personalidades. Hay que describirle en imágenes plásticas cómo era una comida de esa época, cómo antiguamente se comía cuando aún no existían los tenedores, cómo se vestían, cómo caminaban los griegos, que en cada paso eran conscientes. Hay que despertar sentimientos para estas peculiaridades, que uno pone en imagen. De eso se trata la clase de historia entre los 10 y los 12 años.

 

GA 313 -62-

 

Así como el Yo en el sentido más completo y exotérico recién alrededor de los 20 años nace hacia afuera, así alrededor del noveno y 10º año de vida nace hacia adentro, del mismo modo que el cuerpo astral nace hacia adentro con el hablar.

 

El niño nace de tal manera, que a través de la cabeza, durante el desarrollo embriológico se le dan las fuerzas, que son activas en el ser humano, para trabajar las sustancias desde adentro. Pero en el período después del cambio de dientes y hasta la madurez sexual, con una culminación entre el noveno y el 10º año de vida, ahí el Yo que actúa desde el ser humano inferior, el Yo inferior tiene que encontrarse con el de arriba. La polaridad del Yo (que es uno solo) recién se pone en una relación correcta en este tiempo. Es decir, el Yo del ser humano tiene que entrar en la organización, del mismo modo que cuando se empieza a hablar, el cuerpo astral tiene que intervenir en el organismo.

 

Cuando la cabeza no quiere acoger las fuerzas internas de las sustancias, cuando se niega, esto se manifiesta exteriormente en las cefaleas infantiles entre el noveno y el 10º año de vida. Esto se acompaña de molestias en el metabolismo, en la secreción del ácido clorhídrico etc. Hay niños que por eso están siempre enfermizos por esta intervención escasa del Yo, desde abajo y desde arriba. Estas cosas desaparecen después de la madurez sexual, cuando el cuerpo astral llega y equilibra eso que el Yo no puede hacer. Esto va desapareciendo progresivamente entre los 14-15 años y los 20-21 años de vida. Incluso los niños enfermizos entre el cambio de dientes y la madurez sexual pueden ser niños extraordinariamente sanos después.

A los niños con estos problemas hay que darles porciones más pequeñas de comida en forma más frecuente. En el caso de que se esté dando demasiadas

tareas desde el colegio, también hay que ver que el niño tenga suficiente tranquilidad.

 

El exceso de trabajo intelectual, muchas veces es la causa oculta de una mala digestión.

Excepto los robustos campesinos, el resto de la población de la Tierra tiene una defectuosa intervención del Yo en el organismo, que en lo fundamental es arruinada.

El sexo femenino es más susceptible para todo esto, que está caracterizado como la correcta intervención del Yo. Esto puede desembocar hacia un ser humano sano o hacia la anemia. La anemia es la continuación de todo aquello que puede ocurrir en forma anormal a esta edad, desde los 7 años. La anemia se manifiesta más tardíamente, pero es una intensificación de todo aquello que va en esta dirección en una edad anterior.

 

 

GA 218 -69-

En relación a esta pregunta que surge como ensoñada en el niño entre el noveno y el 10º año de vida: uno no le puede contestar como contestaría una pregunta intelectual. Se trata más bien, que en esta edad se genere una relación de confianza especialmente intensa y que uno despierte en el niño la opinión: que uno le habla a esta edad, especialmente a él, uno es especialmente amoroso con él. En este acoger el amor y la confianza del educador, reposa la responsabilidad en relación a la pregunta del niño. Porque ¿de qué se trata esta pregunta de la vida? El niño no pone la pregunta desde lo racional; él la pone con el sentimiento, con todo el ser humano inconsciente. Él no la formula, pero nosotros si la podemos formular. Tenemos que decir, hasta esta edad el niño estaba orientado más y más, de manera ingenua a la autoridad del educador amado. Ahora ha despertado en él la necesidad de poder experimentar lo bueno y lo malo de una nueva manera, así como si aquellos estuvieran en el mundo presentes como fuerzas. Hasta ahora miraba hacia arriba al educador; ahora quiere mirar a través del educador y  poder decirse: este educador no solamente es el que dice qué es lo bueno y qué es lo malo, sino que lo dice porque es un mensajero del espíritu, él lo sabe desde mundos superiores. (el niño no lo dice a través del razonamiento, sino que lo siente). Y su especial pregunta, que también surge desde el sentimiento le dice a uno: esto y aquello es apropiado para este niño. En realidad enraíza en algo más profundo, de lo cual uno dice, es bueno o es malo, es verdadero o es falso. Entonces el niño puede lograr una nueva confianza.

 

Éste también es el momento en el que con la educación moral Se puede pasar de la mera imitación o de decirle esto es bueno o es malo a comenzar a entregarle al niño en forma de imágenes lo moral, porque esto está totalmente en su sentido, sin hacer participar al intelecto.

 

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Cuando el niño llega a este momento de la vida entre el noveno y el décimo año, entonces podemos comenzar a entregarle imágenes, que estimulen sobre todo su fantasía, imágenes de seres humanos buenos, imágenes que a él lo lleven o despierten a un sentimiento de simpatía, con aquello que los seres humanos hacen. Fíjense que no digo que al niño haya que entregarle mandamientos. Yo no digo que haya que acercarse con el juicio moral hacia lo intelectual. Hay que dirigirse a lo estético, a la fantasía. Uno tiene que poder despertar un gusto o un desagrado hacia todo bueno o hacia lo malo, hacia lo justo o hacia lo injusto. También el despertar la búsqueda de equilibrio para las acciones incorrectas. Así como uno antes se situaba como un regulador objetivo frente al niño, ahora hay que dirigirse a él con imágenes que deben dirigirse hacia su fantasía. Así, el niño en un principio hasta la madurez sexual tiene que acoger la moralidad como un sentimiento. Élla tiene que hacerse firme en su juicio del sentir: Esto es algo con lo cual yo tengo simpatía, lo bueno; esto es algo frente a lo cual yo tengo antipatía, lo malo. La simpatía y la antipatía, juicios del sentir, tiene que ser la base para lo moral.

El cuerpo temporal es un organismo en donde todo está relacionado con todo. De lo que se trata es de poder hacer en el momento adecuado, lo preciso para el niño. No pueden dejar crecer una planta de manera que ella enseguida se haga flor. El hacerse flor tiene que ocurrir más tarde. Tienen que cuidar primero a la planta en su raíz. Si quisieran que desde la raíz surja la flor, harían una tontería. Si ustedes le llevan al niño entre el cambio de dientes y la madurez sexual, juicios morales formulados de manera intelectual, entonces sería como si quisieran sacar la flor desde la raíz de la planta. Primero hay que cuidar al germen, la raíz; es decir la moralidad en el sentir. Cuando el niño ha cuidado la moralidad en el sentir, entonces después de la madurez sexual va a querer formular juicios morales desde el intelecto. Va a despertar hacia la inteligencia. Esto que tenía como moralidad en el sentir va a continuarlo después de la madurez sexual a través del desarrollo interior.

Después va a vivir con satisfacción interior, el que en la vida posterior no sólo viven en él recuerdos de lo que el educador dijo, si algo era correcto o incorrecto en lo moral, sino que va a vivir con la alegría interior, colmando su vida anímica de fuerza interior, porque él mismo ha despertado a que puede llegar al juicio moral, en el momento adecuado en libertad.

 

GA 297 -73-

 

Hasta el noveno año de vida es necesario que uno apoye todas las clases en lo humano. Después del cambio que se produce entre el noveno y el 10º año de vida el niño se hace más receptivo para ir hacia afuera, hacia el mundo de la naturaleza, pero de todas maneras a ir desde lo humano. A esta edad el niño tampoco comprende la naturaleza en sí misma, cuando uno la describe sin una relación con el ser humano. Uno se equivoca, si cree que si las clases se hacen contemplativas van a traer per se una comprensión. Siempre hay que relacionarlo con el ser humano. Por ejemplo señalar cómo el pulpo está relacionado con la cabeza humana. A los animales superiores los comparamos no con la cabeza del ser humano, sino con su vida torácica. En cambio si uno contempla los miembros del ser humano, así como los tiene, son exclusivos del ser humano. Así como la mano y el brazo humano se constituyen como un anexo del cuerpo, en los cuales lo anímico espiritual se mueve libremente, así no hay miembros en el mundo animal.

¿En que se distingue el ser humano? No es por su cabeza; ella es una conformación más acabada de aquello que ya se encuentra en los animales inferiores. Eso que se encuentra en los animales inferiores está más desarrollado en la cabeza humana. Pero el ser humano es ser humano por lo que lo distingue del mundo animal, es decir por su sistema de miembros. Nuestra cultura moral actual se arruina de manera múltiple, por el hecho de que el ser humano está tan infinitamente orgulloso de su cabeza. Pero no lo estaría si estuviera más desarrollado. En cambio podría estar orgulloso de su sistema de miembros, lo que sirve para el trabajo, para servir al orden social del mundo.

Hasta los 12 años el niño tiene la necesidad interna de comprender la naturaleza desde el ser humano, pero ya  no de manera moralizadora. Desde  el 12º año de vida, el niño está separado y tiende a observar cosas separadas del ser humano, pero que vuelven sobre el ser humano. Ahí uno puede en las clases acercarle al niño hechos físicos y de la naturaleza, que se separan totalmente del ser humano; por ejemplo la refracción de los rayos, pero se les enseña cómo se refractan en el córnea humana.

Hay que poder comprender la importancia infinita de cada Rubicón, el que se genera alrededor del noveno año y el otro que ocurre alrededor del 12º año.

 

GA 297 -76,77-

 

Como seres humanos adultos, aún aprendemos de la vida, la vida es nuestro mayor maestro. Pero esta posibilidad de aprender de la vida recién se presenta no antes del 15°, 16°, 17° año de vida. Recién ahí estamos frente al mundo de tal manera, que aprendemos de la vida misma. Hasta ahí ha sido el educador el que nos sale al encuentro en el colegio, él es para nosotros el mundo. A él lo queremos entender, a él queremos amarlo, de él nos queremos dejar enseñar; él es el que nos tiene que traer lo que hay afuera en el mundo. Porque entre nosotros y el mundo, entre los siete y el 15° año de vida existe un abismo. El maestro tiene que hacernos un puente sobre él.

 

GA 297 -77-

Desde el mundo espiritual ha descendido un ser anímico espiritual; se ha encarnado en un cuerpo físico humano. Ha traído algo espiritual de ese mundo espiritual y lo ha unido con lo que surge de la corriente hereditaria. Nosotros tenemos todo este enigma humano viviente frente a nosotros y tenemos que trabajar en su devenir ahora. ¡A uno le surge una tremenda veneración ahí por el ser humano! Ya que está frente a nosotros lo que los dioses nos han enviado desde el cielo.

Y el segundo sentimiento que nos surge cuando estamos frente al niño, es un tremendo sentimiento de responsabilidad; pero es un sentimiento de responsabilidad que nos porta, que en verdad nos da la fuerza y la voluntad para el educar y las clases.

79

A través de nuestra moralidad interior, a través de lo que es nuestra veracidad interior, lo que tenemos como contenidos anímicos, el niño tiene que tener la experiencia, el sentimiento que eso sea vivenciado como que es verdad. Si el cambio que tiene que producirse en el niño, no está bien conducido por el educador, entonces se produce en los niños y también en las niñas turbulencias. Se ponen inquietos, no obedecen, muy difíciles de manejar.

80

La devoción en el niño pequeño desaparece en lo inconsciente y se metamorfosea para reaparecer al principio de los 30 o 40 años y cuando esa persona habla, especialmente para los niños sienten como algo que bendice.

 

83

Entre el noveno y el 10º año de vida puede ser que el niño sienta una vivencia indefinida: aquél, que es su autoridad, él mismo tiene una relación con algo superior. Desde la relación concreta directa entre un niño con el educador se desarrolla un mirar hacia la religiosidad del maestro, se observa la forma en cómo se para el educador frente al mundo suprasensible.

83

Para el niño entre el noveno y el 10º año es más importante el cómo se dice algo, que el qué se dice.

 

84

Las clases tiene que tener gracia, tiene que ser graciosas, sobre todo no tiene que ser amargadas.

 

Lo que nosotros hacemos en el octavo o noveno año del niño, tiene sus efectos a los 45 o 50 años del ser humano adulto

 

Lo que hago como maestro en el colegio básico a los niños, esto se hunde en lo físico, en lo psíquico y en la naturaleza espiritual del ser humano. Está a veces decenios debajo de la superficie y en forma curiosa reaparece después de decenios, a veces incluso al final de la vida del ser humano. Y esto se puso como germen el principio de su vida. Se puede educar bien en la edad infantil, si se tiene en cuenta toda la vida del ser humano.

 

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  • De la casa paterna hay que preocuparse que la autoridad propia que el niño tiene que tener por su educador, no sea para nada afectada. Hay que trabajar mucho la relación entre los padres y el profesor. Los padres tienen que desacostumbrarse a estar celosos del profesor. Porque la mayoría siempre están un poco celosos de él. Lo perciben como si el profesor les fuera a sacar a su niño. Pero en cuanto pasa esto, entonces no se puede hacer mucho educativamente por el niño.

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  • Cada niño al que no se le ha metido todo tipo de cosas adentro para arruinarlo, tiene un respeto sano por el adulto.
  • El niño no tiene otra necesidad que un ponerse debajo de una autoridad.
  • Esto es proporcionado entre el noveno y el 10º año de vida simplemente por la naturaleza humana misma.
  • Hay que lograr el sentimiento en el niño: este no habla de verdad desde sí mismo, este es un misionero de lo divino.
  • Hay que hacerle notar al niño bien este estar parado en el mundo.

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  • El niño antes del noveno o 10º año de vida se dice yo, pero lo hace desde una especie de forma instintiva. Pero en realidad el niño se siente dentro del todo cósmico.
  • Si se le entrega al niño las cosas de una manera intelectual, es decir que no se transforman en imágenes, entonces más tarde este ser humano va a sufrirlo en su sistema vascular y también en su sistema circulatorio.
  • Lo que en verdad actúa desde el educador sobre el niño, no es solamente aquello que uno ha pensado en conceptos, sino que son por así decirlo imponderables de la vida. En forma inconsciente hay mucho que va del educador y se traspasa al niño.
  • Antes del Rubicón no se puede educar al niño a esta edad y es que ustedes no son una autoridad obvia para él, ustedes tienen que ser el representante de lo bueno, lo verdadero y lo bello. El niño tiene que ser atraído por la verdad, el bien y la belleza, porque está atraído por ustedes.
  • Entre el noveno y el 10º año de vida, de manera instintiva e inconsciente llega al niño la vivencia: yo tengo todo de éste, mi profesor. El profesor ¿de dónde lo tiene él? ¿Qué hay detrás de él?
  • Cuándo se produce esta crisis con el principio autoritario en el niño, si es que uno ha crecido frente a esta dificultad, entonces uno va a salir del encuentro del niño con la necesaria interioridad, credibilidad y veracidad, de modo que se conserva la autoridad. Entonces esto no solamente es bueno para poder seguir haciendo bien las clases, sino para que el niño entre el noveno y el 10º año de vida no se vuelva inestable en la creencia en lo bueno del ser humano. Sino toda seguridad interior que debe seguir guiándolo en la vida, se vuelve inestable.

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La historia se le acerca al niño antes de los 12 años en forma de historias, de biografías relatadas. Eso lo va a captar. Pero relaciones históricas recién las va a captar después de que haya terminado su 12º año de vida. Es decir ahí recién desde las historias se puede hacer historia.

 

Entre el noveno año y el 12º se le describen fenómenos físicos como por ejemplo la refracción de la luz. Recién después de que culmina sus 12 años de vida se puede mostrar como la actividad del mundo exterior, se continúa dentro del ser humano, por ejemplo como la refracción de la luz se produce en el ojo humano.

 

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A partir del noveno año se pueden presentar minerales para que los observen y los describan. Recién después de los 12 años se puede hacer la clase de mineralogía.

 

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La clase de gramática no se empieza para nada antes del noveno o 10º año de vida. A edades menores la clase se hace directamente desde el hablar y el sentir el habla, de modo que el niño aprenda a hablar desde el sentimiento.

 

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Después de los 12 años aproximadamente, aún bajo la conducción de la autoridad, que aún sigue actuando, viene el decisivo impulso de formar juicios por sí mismo. Si uno estimula a que formen juicios propios antes de los 12 años, entonces se arruinan las fuerzas anímico físicas del niño, Sobretodo matamos todo el vivenciar humano un juicio.

En el noveno año de vida el niño experimenta una completa transformación de su ser y esto conduce a una vivencia distinta de lo físico corporal en él.

 

En el noveno año de vida se puede empezar a acercar al niño concepto de la naturaleza, pero recién en conceptos vivos. Hay que evitar los minerales, lo muerto. Se le acerca lo vivo extrahumano, esto está en la esfera de los animales y de los vegetales.

 

 

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En el noveno año de vida hay que poder encontrar la palabra correcta para el niño. Él necesita algo con lo cual pueda desarrollar asombro. Porque si uno no hace esto, entonces destruye muchísimo en él. Hay que aprender a observar al niño. Hay que poder crecer con el sentimiento hacia adentro del niño; uno tiene que estar adentro de él. No experimentar desde afuera, sino estar dentro de él.

 

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Él tiene que poder desarrollar el amor de la manera correcta. No se trata sólo del amor hacia el otro sexo, esto es sólo un caso especial de amor. El amor es algo que se extiende sobre todo, que es el impulso más interior para actuar: tenemos que hacer aquello que amamos. La obligación tiene que crecer junto con el amor; nos debe gustar, lo que tenemos que hacer. Y esto se desarrolla de la manera correcta, si es que acompañamos bien al niño. Entonces durante toda la enseñanza básica tenemos que prestar atención, de desarrollar de manera correcta el sentimiento por lo bello. Ya que el sentido por la verdad, el niño lo trae ya de determinada manera; el sentido por lo bello nosotros tenemos que educarlo como lo he descrito.

 

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Cómo uno se comporte en este momento de la vida con el niño, de ello depende para toda su vida futura muchísimo, y es si ese ser humano va a ser una persona sin sostén o si va a ser una persona firmemente parada en la vida. Eso depende a veces de que el maestro haya encontrado el modo seguro de colocarse en este momento de la vida frente al niño.

 

De lo que se trata es de que el niño en este momento de la vida encuentre a alguien, si es una persona o son varias, da lo mismo, que en una determinada forma quede como imagen para toda su vida futura.

 

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Si uno le dice al niño lo que ha aprendido de los libros, entonces uno le habla como un ser humano desecado, aunque lo haga de una manera muy viva. En cambio lo que uno ha adquirido por sí mismo, tiene aún fuerzas de crecimiento en sí, aún tiene la vida fresca en sí; eso obra sobre el niño.

 

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El niño antes de los nueve años tiene una relación de sentimiento con el lenguaje. Pero su autoconciencia no podría desarrollarse, si es que no introdujéramos el elemento pensante. Por ello es que es necesario introducir el elemento pensante a través de reglas gramaticales razonables tanto en la lengua materna como en lenguas aprendidas después.

Hacia los 12 años hay que ver que el niño tenga un sentimiento para la belleza del lenguaje, tiene que tener una vivencia estética frente al lenguaje y así a los 12 años tiene que esforzarse de una manera razonable de hablar de tal manera que uno podría decir que es un hablar bello.

 

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Eso que surge en el amor sexual y se transforma en amor hacia otro ser humano, eso es sólo un miembro de toda la vida social del ser humano. Hay que llevar al ser humano, a que él madure tanto su interior, que mire al mundo exterior con interés, que no pase al lado de las cosas, a las cuales debiera abocarse con amor.

Hay que hacer del ser humano un ser social hasta la madurez sexual. De algún modo también tenemos que hacer que sea un ser devocional, y ese ser humano desarrolle la seriedad a través de la cual crecer en la vida, de modo que en todo lo exterior físico-sensible vea algo perfundido por lo espiritual; de modo que no se conforme con la mera observación de lo físico-sensorio exterior, sino que sea capaz de ver los fundamentos espirituales en todas partes.

No hay que decir algo tan diletante como: un aprender debe causar alegría a los niños. Esto lo dicen muchas personas hoy. Esta es una frase abstracta, que no sirve de nada. El aprender en muchos aspectos puede que no le cause alegría a los niños; hay que poder poner las cosas que uno trae al trabajo del colegio, para los niños de una manera atractiva, de modo que también aquello que no les produce alegría, les genere una cierta curiosidad, que se acerquen con una cierta avidez por conocer. De manera que la forma en cómo se comporta el maestro sea una preparación para aquello que van a saber a través de él.

 

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En la época de la madurez sexual adquiere una autonomía plena del entorno. Pero entre el noveno y el 10º año de vida en el desarrollo comienza esta despedida del entorno. Y justamente es tan importante observar este momento, porque ahí uno puede tomar al niño de la mano aún hasta la madurez sexual, pero lo hace de otro modo, que lo hacía antes.

 

A través de la música y de lo que está puesto en forma de imágenes, se fortalece la voluntad, también a través de la actividad artística que sea adecuada para la edad. Hay que presentarle las plantas, los animales, los objetos de la naturaleza inanimada, de tal manera que el niño aún no sienta que está separado de las cosas, sino que sienta como que las cosas son una extensión de sí mismo. Antes de los nueve años el personificar a las cosas exteriores es muy correcto.

 

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En el 10º y 11er año de vida el niño siente lo animal más cerca que lo vegetal. Siente que él puede sentir, empatizar con el animal, que en cierto sentido es un ser parecido al ser humano. Lo vegetal, lo siente como algo que se revela desde el interior del mundo. Y si es que se le enseñan cosas sobre las plantas, hay que presentarles la planta y cómo ella se coloca dentro de la Tierra. Como si lo vegetal fuese algo que crece desde la tierra como desde un organismo. Presentarle lo terrenal en su relación con lo vegetal y cómo deviene a través del año y se manifiesta en distintas estaciones. Es decir en lo posible hacer una observación temporal de lo vegetal.

 

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Cuando se le enseña formas de animales, vemos que hay animales que son animales cabeza, animales tórax y animales miembros. Si ahora uno junta todas las formas particulares animales y hace una síntesis, de manera que lo que en una forma animal particular resalta especialmente, se pone en segundo plano y se pone al servicio del todo, entonces se adquiere la forma humana. El ser humano en su forma exterior es una síntesis de todo el reino animal. Hay que desarrollar amor por el mundo. En cierta manera se puede hacer si es que uno presenta al reino animal como un ser humano extendido al niño.

 

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El niño que no ha ido vivenciado el antropomorfismo en su relación con el medio ambiente, a ese le falta un pedazo del ser humano en una edad posterior y el profesor tiene que tener la tendencia de introducirse en forma viviente espiritual en todo su entorno, de modo que el niño pueda ir con él, gracias a eso que está presente en él.

 

Alrededor del 10º año de vida las niñas empiezan a crecer mucho más rápido que los varones. Los varones se quedan atrás. Las niñas los pasan en el crecimiento. Pero cuando han llegado a la madurez sexual tanto niñas como niños, entonces los varones empiezan a crecer más y pasan a las niñas. Crecen más rápido a esta edad.

 

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Se arruina todo el desarrollo humano, cuando se lleva al ser humano directamente a lo abstracto, cuando se le hace hacer alguna actividad a través del concepto. En cambio siempre se lleva a un desarrollo sano, cuando primero se estimula la actividad y después se desarrolla desde la actividad el concepto.

 

Hasta aproximadamente los nueve años y medio, las clases tienen que dirigirse al ser humano entero y eso se logra a través de lo artístico. Por eso todo tiene que basarse en la imagen, en el ritmo, en el tacto. Todo lo otro es precoz.

 

Entonces entre los siete y los nueve años y medio hay que poner atención que las clases tienen que apelar al sentimiento en el niño. Que él en verdad sienta todas las formas de las letras. Uno hace algo muy significativo para la vida del niño con esto. Uno endurece al niño demasiado, lo pone demasiado en sus huesos y en sus tendones y sistema cartilaginoso frente al resto del organismo, si es que le enseñamos escribir en forma Mecánica, si es que le enseñamos determinada forma de conducir la línea en las letras y entonces por ello apelamos mucho al mecanismo corporal, en vez de apelar al ojo.

 

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Entre el noveno y el 10º año de vida el niño recién empieza a diferenciarse del mundo, de modo que antes no hacía diferencias entre sus representaciones, sus vivencias y las cosas del mundo en sí mismas. Por ello es necesario hablar sobre las cosas del mundo, sobre las plantas, animales, montañas y ríos, hasta el noveno año de tal manera que sea como un cuento de hadas, que apele sobre todo a la fantasía; que las plantas, montañas, manantiales de agua hablen, de modo que la misma forma que el niño conoce en sí mismo, también le salga al encuentro desde el mundo exterior.

 

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Con las clases de física y química sólo podemos actuar sobre el intelecto. Entonces necesitamos para equilibrar, la clase de arte. Pero al niño entre el 11º y 12º año de vida lo encontramos maduro para captar con el intelecto, lo que hay que trabajar en la física y la química, lo que tiene que ver con causa y efecto.

 

Causa y efecto y sus relaciones recién las debe conocer el niño a partir del 11º o 12º año de vida. Y mientras menos se le hable sobre la causalidad antes al niño, mejor; el ser humano se hace tanto más fuerte, tanto más interiorizado en relación a su alma, mientras que sino su alma se deseca cuando acoge en sí conceptos y sentimientos muertos y cuando se le acerca la causalidad antes de esta edad.

 

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Entre el noveno y el 10º año de vida el ser humano pasa de la conciencia a la autoconciencia.

 

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Si es que desarrollamos en el niño el amor y la gratitud antes del 10º año de vida, entonces podemos desarrollar de manera adecuada lo que llamamos obligación. Si desarrollamos la obligación a través de mandamiento en forma demasiado temprana, esto no conduce a una interioridad religiosa. En el niño hay que desarrollar sobre todo gratitud y amor, entonces desarrollamos al niño de la manera adecuada en lo ético y en lo moral.

Se expone al niño a grandes peligros, si es que antes de este momento no se lo ha introducido a lo divino en general, quiero decir: al principio divino del padre; que se le muestre en todas partes en la naturaleza cómo vive lo divino, cómo en todo desarrollo humano vive lo divino, como a todas partes donde miramos: a las piedras, pero también en el corazón de otro ser humano, en cada acto, que el otro ser humano le hace al niño, en todas partes vive lo divino.

 

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Entre el noveno y el 10º año de vida le viene al niño, no como un pensamiento, no intelectualizado, pero como un sentimiento muy indefinido, como una pregunta ensoñada: ¿De dónde tiene el maestro eso, de dónde le viene eso?,  ¿es realmente el educador el mundo? Hasta ahí lo era. Ahora surge: el mundo no se extiende más allá del educador?

 

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Lo que el niño no tiene entre el cambio de dientes y la madurez sexual es el concepto de las causas. Antes de los siete años no debiera ir al colegio. Entre los siete años y los nueve años, cuatro meses hay que hablarle en forma de cuentos de hadas. Ahí todavía todo el mundo exterior, aún está no separado de la naturaleza del niño. Hay una planta que tiene que hablar con la otra, un mineral tiene que hablar con el otro. Y, ahí las plantas se tienen que besar, ahí las plantas tienen que tener un padre y una madre etc. Desde los 9.años y 1/2 ahí el Yo comienza a separarse del mundo. Ahí uno se puede acercar con una especie de conocimiento de la realidad a las plantas y a los animales. Pero hasta los 11 años ocho meses aún se va a hablar en forma de imágenes. Y recién cuando el niño tiene cerca de 12 años recién se puede empezar con los conceptos de la causa y pasar a conceptos abstractos donde pueden aparecer la causa y el efecto. Antes el niño no está abierto para la causa y el efecto, como si fuera un ciego para los colores y como adulto uno no se da cuenta cuando no necesariamente uno le habla al niño de causa y efecto. La mirada científica recién se le puede acercar al niño a partir de los 12 años.

Antes uno tendría que acercarse al niño sólo con aquello que tiene que ver con lo anímico, con lo vivo.

 

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Cómo educador hay que dirigirse al sistema que está gobernando al ser humano en este momento. El educador, entre el cambio de dientes y la madurez sexual debe dirigirse al ritmo con imágenes. Todo lo que describan, lo que hagan lo tienen que hacer de tal manera que la cabeza esté lo menos involucrada posible, que el corazón, todo el ritmo, todo lo que es artístico esté involucrado|. ¿Cuál es la consecuencia? Que con una clase así, el niño no se cansa, porque uno se dirige al sistema rítmico del niño, no a la cabeza.

 

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Hay que hacer valer la fantasía en la escuela, incluso en los últimos años desde los 11 años ocho meses hasta los 14. También ahí hay que poner la vida de la fantasía en todas las manifestaciones físicas. Pero para ello hay que tener fantasías.

 

La vivacidad del maestro tiene que traspasársela a la vivacidad del niño.

 

Bibliografía

 

  1. Rief: Rubikon, eine Sammlung aus den Werken von Rudolf Steiner. Verlag Forderstiftung anthroposophische Medizin im Verlag am Goetheanum. 1. Auflage 2012